Batallas que forjaron y destruyeron un Imperio: contexto histórico y estrategias

domingo, 23 de enero de 2011

Segunda Guerra Púnica (I)

Después de que Roma saliera victoriosa del primer enfrentamiento contra los cartagineses y les impusiera a éstos un castigo demasiado caro, Amílcar convenció al gobierno de Cartago para que avanzara desde los puestos costeros de la Península Ibérica, sobre los que ya tenía influencia, hacia el interior. Roma bien podía pensar que sería bueno para sus intereses tener a Cartago ocupado en lugares lejanos a la gran urbe. No obstante, obligó a Asdrúbal, general cartaginés sucesor de Amílcar, a firmar el tratado del Ebro, según el cual las zonas de influencia de ambas partes quedarían fijadas por este río. Así mismo, Cartago debía respetar la independencia de Sagunto, aunque ésta estuviera situada 130 kilómetros al sur del Ebro. A la muerte de Asdrúbal, Aníbal, hijo de Amílcar, asumió el mando del ejército cartaginés dando comienzo una serie de campañas para conquistar zonas de la Península Ibéricas aún no controladas por Cartago.

Publio Cornelio Escipión
En el año 219 a. C., Aníbal decidió sitiar Sagunto para, finalmente, tomarla. Este hecho provocó que Roma declarara la guerra a Cartago y se abriera un período de nuevos enfrentamientos que habría de durar hasta el año 201 a. C. Aníbal cruzó decididamente el río Ebro al frente de un ejército de 38.000 hombres y 34 elefantes con el firme objetivo de combatir contra Roma en su propio territorio; pero esto no era lo que suponía Roma y, por ello, envió sus legiones a la Península Ibérica al mando de Publio Cornelio Escipión.

Aníbal se dirigió hacia la misma ciudad de Roma pasando los Pirineos y avanzando a través del sur de la Galia. Cuando Escipión llegó al campamento cartaginés, lo encontró desierto y regresó rápidamente a Roma para informar al Senado. Después se dirigió hasta el Ródano para detener el avance de Aníbal, pero cuando llegó, el general cartaginés ya lo había cruzado y se dirigía hacia los Alpes, donde perdió a más de la mitad de sus hombres entre las escarpadas montañas nevadas; aun así, logró su propósito y llegó a Italia después de cinco meses de marcha.

Desarrollo de la Segunda Guerra Púnica

Batalla de Trebia

Escipión, encolerizado, se dirigió hacia el norte de la Península Itálica y se encontró con el ejército enemigo en el río Tesino, que desemboca en el río Po desde el norte. Las caballerías de ambos bandos se enfrentaron en una breve batalla en la que los romanos fueron derrotados. Escipión fue herido pero, gracias a su hijo, pudo salvar la vida. El ejército romano se atrincheró al otro lado del Po, junto al río Trebia, afluente de aquel desde el sur. Allí esperó la llegada de Sempronio Longo con nuevos refuerzos. Pero Aníbal deseaba entrar en batalla, lo antes posible, pues no deseaba que el ejército romano se retirase intacto.

Aníbal pretendía que los romanos cruzasen el río y, para ello, envió a un grupo de su caballería al otro lado del río; los romanos atacaron y persiguieron al grupo que se retiraba apresuradamente hacia su campamento. Los romanos, que veían cercana la victoria, se lanzaron hacia ellos cruzando las frías aguas del río. Al otro lado estaba el ejército cartaginés preparado para la lucha. Las legiones romanas lucharon con valentía y abrieron las líneas del ejército de Aníbal. Sin embargo, los jinetes cartagineses, junto con los elefantes que aún quedaban, envolvieron a los romanos; seguidamente, Magón, hermano de Aníbal, cargó por la retaguardia con dos mil hombres más y aniquilaron casi totalmente al enemigo. Sólo una parte consiguió librarse, bien para refugiarse en dos enclaves fortificados que aún mantenían a orillas del Po, bien para abandonar la Galia Cisalpina, que tan sólo hacía cuatro años habían conquistado. Murieron más de 20.000 soldados romanos.

Aníban y los elefantes

Pronto, las fuerzas galas se unieron a las cartaginesas. Aníbal y sus hombres pasaron allí el invierno decididos a continuar hasta las mismas puertas de Roma. Aníbal perdió un ojo en la dura travesía de una zona pantanosa en la que también murieron sus animales de carga. Pero Roma no se dormiría: preparaba un ejército de once legiones formadas por cien mil hombres. Se había perdido una batalla, pero no la guerra.

El siguiente vídeo nos acerca la figura de Aníbal, sus planes y estrategias; su visualización nos adentrará en la segunda parte de la Seguna Guerra Púnica que desarrollaremos  próximamente en el presente blog.



domingo, 9 de enero de 2011

Primera Guerra Púnica

Después que Roma hubiera ampliado sus dominios y dominara toda la Península Itálica, Cartago se sintió amenazada, pues sólo una de las dos grandes potencias del Mediterráneo podría ser dueña de Occidente. 

En su origen, Cartago había sido sólo una de tantas ciudades fundadas por los fenicios en el siglo IX a. C., aunque ella fue la de mayor éxito. Cuando Nabucodonosor de Babilonia conquistó Fenicia después del 600 a. C., las colonias fenicias se quedaron solas y se agruparon en torno a Cartago, cuya flota se convirtió en la más poderosa del Mediterráneo occidental. A partir de este momento extendió su influencia sobre la isla de Cerdeña y sobre las islas Baleares. Además, creó numerosos puertos comerciales prácticamente en todas las costas mediterráneas, disputando el dominio costero con los colonos griegos, cuyo principal conflicto se produjo en Sicilia. El dominio de esta isla estaba dividido entre los griegos, que disfrutaban de dos terceras partes de terreno, y los cartagineses, que ocupaban el tercio occidental restante. 
Zonas de influencia de Cartago y Roma antes de la Primera Guerra Púnica
Los enfrentamientos entre colonos griegos y cartagineses en la isla de Sicilia eran continuos, pero el dominio total no llegaba por parte de ninguno de los dos bandos. Una de estas colonias, Siracusa, era fuerte y en ella residía Hierón, uno de los generales más destacados de Pirro. Cuando los mamertinos -soldados mercenarios italianos que se sublevaron contra Siracusa para que Mesina alcanzara la independencia- fueron derrotados por Hierón en el año 270 a. C. los ciudadanos de Siracusa lo nombraron rey con el nombre de Hierón II. Sólo cinco años más tarde, éste decidió de nuevo volver a Mesina, esta vez respaldado por Cartago. Los mamertinos, italianos al fin y al cabo, decidieron solicitar ayuda a Roma. Y ésta solía responder ante tales llamadas. Así, un ejército dirigido por Apio Claudio Caudex llegó a Sicilia y derrotó sin dificultad a las fuerzas de Hierón; era el año 264 a. C. y daba comienzo la primera de las tres Guerras Púnicas que duraría veinticuatro años.

Quinquerreme romano

Roma era optimista, sobre todo después de la victoria lograda sobre Cartago en Agrigento en la costa meridional de Sicilia, el año 262 a. C. Trató de alcanzar Lilibeo y poner sitio a la ciudad, pero su plan no podría tener éxito mientras la ciudad pudiera recibir alimento desde el mar. Por ello, los romanos decidieron luchar con los cartagineses en el mar. Esta decisión era una osadía, pues Cartago poseía la mayor flota del Mediterráneo occidental y la experiencia bélica de Roma se reducía al ámbito terrestre. Por fortuna, los romanos lograron hacerse con los restos de un quinquerreme (barco con cinco órdenes de remeros que manejaban secciones de tres remos) y reproducirlo mejorándolo con garfios, colocados por debajo en vigas de madera que eran levantadas al aproximarse a los barcos cartagineses y se dejaban caer de modo que, a través de ellas, los soldados romanos pudieran acceder al barco enemigo. El primer enfrentamiento se desarrolló frente al puerto marítimo de Milas, situado a veinticuatro kilómetros al oeste de Mesina. Allí fueron hundidos catorce barcos cartagineses y treinta y uno tomados, casi sin lucha, al mando de Duilio Nepote. 

Quiquerreme romano. Obsérvese la incorporación de garfios

En el 256 a. C., los romanos decidieron atacar de nuevo con una flota compuesta por 330 trirremes bajo el mando de Marco Atilio Régulo. En Ecnomo se encontró con una flota cartaginesa aún mayor en número y se libró la segunda batalla naval en la que Roma de nuevo consiguió la victoria. Con el mar libre, los romanos se dirigieron hacia la misma ciudad de Cartago. Marco Régulo derrotó al improvisado ejército cartaginés y le impuso unas condiciones de paz tan duras que Cartago decidió morir luchando. En ese momento surgió un espartano que arengó de tal modo al pueblo cartaginés que logró derrotar a los romanos y tomar prisionero a Régulo, quien podría haberse retirado a tiempo pero su orgullo se lo impidió.
Desarrollo de la Primera Guerra Púnica

Inmediatamente, el Senado romano decidió enviar refuerzos hacía la costa africana, pero un enemigo con el que no contaban los derrotó totalmente: una tormenta. Y no sería la última, pues dos años más tarde, y después de haber reconstruido su flota con 140 nuevos barcos, otra tormenta los atrapó cuando volvían a Roma desde la costa de Cartago.

Al fin, apareció un hombre entre los cartagineses el hombre que necesitaban desde un principio: Amílcar Barca. Pero ya quedaba poco que defender. Luchó decididamente contra Roma y realizó numerosas incursiones por Sicilia. La ciudad de Lilibeo aún resistía a los romanos. Pero éstos construyeron otra flota en el año 242 a. C. con la que derrotaron a la flota cartaginesa frente a la costa occidental de Sicilia, en las islas Egadas.

Sólo quedaba firmar la paz y ésta se hizo el año 241 a. C. Sicilia pasó a ser de dominio romano totalmente y Cartago se comprometió a pagar una cantidad enorme de plata durante veinte años. Esta imposición por parte de Roma tenía la finalidad de impedir la pronta recuperación económica de la ciudad púnica. Así, Cartago claudicó ante la poderosa Roma, pero desde ese mismo momento buscó el modo de rehacerse y volver de nuevo al campo de batalla.

Video ilustrativo de las claves de la victoria de Roma frente a Cartago: