Batallas que forjaron y destruyeron un Imperio: contexto histórico y estrategias

jueves, 7 de julio de 2011

Segunda Guerra Púnica (y IV)

Batalla de Zama (202 a. C.)

Escipión, tras la victoria obtenida en Ilipa y la fama que con ella había conseguido en Roma, decidió combatir a los cartagineses en su propio territorio. Pero esta decisión no gustó al Senado romano negándose a asignarle un ejército con el que luchar. Sin embargo, miles de voluntarios acudieron en ayuda del famoso general romano. De este modo, zarpó para África el año 202 a. C. Antiguos aliados cartagineses se convirtieron ahora en el principal apoyo del ejército de Escipión.
Segunda Guerra Púnica
Pronto comenzaron las victorias romanas y la ciudad de Cartago estaba al borde de la desesperación por lo que se llamó a Aníbal de manera urgente. En el ínterin, Cartago llegó a establecer un acuerdo con Escipión, consiguiendo una tregua. Pero, antes de que ratificasen los términos de paz definitivos, llegó Aníbal con su ejército y rompió la tregua.

La guerra se desarrolló en la ciudad de Zama, a unos 160 kilómetros al sudoeste de Cartago. Escipión contaba con su experiencia y con un ejército mejor que Aníbal. Éste, por su parte, contaba con un numeroso contingente de soldados mercenarios procedentes de la península Itálica, en los que no se podía fiar totalmente. A su favor, contaba con 80 elefantes, más de los que tuvo en cualquiera de las batallas anteriores en las que había participado.

Batalla de Zama. Tapiz
Aníbal formó a sus 37.000 infantes en 3 líneas y a sus 5.000 jinetes en las alas. Escipión dispuso sus 10 legiones (30.000 hombres) a la manera clásica, pero esta vez, la formidable caballería númida estaba del bando romano. Aníbal comenzó la batalla lanzando los elefantes contra los romanos, pero éstos hicieron sonar sus trompetas consiguiendo asustarlos retrocediendo sobre las propias filas de los soldados cartagineses. Los jinetes de Masinisa, rey de los númidas y aliado de los romanos, se lanzaron contra la caballería cartaginesa destruyéndola en su práctica totalidad.

Seguidamente, Escipión, avanzó con sus soldados romanos, lanzando líneas sucesivas de tropas en los intervalos adecuados para ser más efectivas. Las primeras líneas cartaginesas huyeron despavoridas y sólo permaneció la última línea. En este momento Escipión se retiró y dio paso a los jinetes de Masinisa, quienes atacaron por la retaguardia de los hombres de Aníbal. El ejército cartaginés quedó aniquilado totalmente.

Estrategia de la batalla
El final de Aníbal fue también el final de Cartago. Ésta se rindió incondicionalmente. La Segunda Guerra Púnica había terminado y, pese a Aníbal y pese a Cannas, fue Roma la que obtuvo una completa victoria. El general Aníbal escapó con vida de la batalla y obligó a Cartago a firmar la paz. De aquí en adelante, el general se dedicó a reorganizar la política cartaginesa. Más adelante fue condenado a muerte por los suyos, pero tuvo tiempo de huir. Finalmente, cayó en manos del rey de Bitinia, que lo entregó a los romanos. Se quitó la vida antes de pasar a manos de sus mayores enemigos.  “Libremos a los romanos de sus preocupaciones”, fueron sus últimas palabras.

Concluimos con un vídeo que nos recrea muy fielmente todo lo expuesto más arriba:


miércoles, 6 de julio de 2011

Segunda Guerra Púnica (III)

Batalla de Ilipa (206 a. C.)

En Roma siempre surgían nuevos hombres para devolverle su esplendor y acabar con el enemigo. Uno de ellos fue Publio Cornelio Escipión. Sucedió a su padre como jefe de las fuerzas romanas en España y había presenciado la derrota de Cannas.

Mientras que Asdrúbal se llevaba las fuerzas cartaginesas situadas en España hacia Italia, Escipión pudo combatir a las que quedaron en suelo hispano con mayor facilidad. Pero en el 206 a. C., los cartagineses enviaron refuerzos a España para acabar con Escipión y su ejército. El encuentro tuvo lugar en Ilipa, lugar situado a unos 10 kilómetros al norte de la actual Sevilla.

Desarrollo de la Segunda Guerra Púnica

En esta ocasión el ejército romano era quien contaba con mayoría numérica de soldados respecto a los cartagineses. Los ejércitos estuvieron durante varios días uno frente al otro sin entrar en combate: cada mañana los soldados, de manera casi automática, se levantaban y, al filo del medio día, se posicionaban frente al enemigo para no hacer nada…

Hasta que un día, Escipión, decidió salir al amanecer atacando con los aliados hispanos situados en el centro y las legiones romanas en las alas. Los cartagineses, sorprendidos, lucharon valientemente contra los hombres hispanos, pero fueron envueltos y arrollados por los flancos del ejército romano. Seguidamente, la infantería romana dio cuenta de los elefantes cartagineses, los cuales salieron huyendo causando destrozos entre sus propios soldados. El resto se retiró en desbandada hacia su campamento y no fueron totalmente aniquilados debido a una oportuna lluvia torrencial que hizo que los propios romanos también huyeran hacia su campamento en busca de cobijo.

Estrategia de la batalla

La derrota cartaginesa trajo consigo la evacuación del pueblo africano de tierras ibéricas e, indirectamente, el pueblo romano vio en Escipión al único hombre que podía derrotar a Aníbal. El próximo enfrentamiento tendría lugar en territorio africano.

Ilustración de la Batalla de Ilipa

martes, 5 de julio de 2011

Segunda Guerra Púnica (II)

Aníbal continuó su marcha hacia el sur hasta llegar al lago Trasimeno. Un camino bordeaba el lago que estaba limitado del otro lado por las colinas. Aníbal colocó su ejército detrás de ellas y esperó la llegada de los romanos. A los pocos días apareció el ejército romano atravesando la zona por el estrecho camino que bordeaba la orilla. Los cartagineses cayeron sobre ellos acabando totalmente con los romanos. Un segundo ejército enviado por Roma acabaría de la misma manera que el primero. Aníbal se había convertido en el hombre más peligroso del momento y podía hacer que el imperio se tambaleara.
Quinto Fabio Máximo
Por ese entonces, los romanos nombraron al dictador Quinto Fabio Máximo. Éste decidió no enfrentarse directamente con Aníbal, sino que su tarea era esperar pacientemente. Aníbal, por su parte, también sabía que no debía marchar directamente sobre Roma. Primero debía obtener la ayuda de los pueblos aliados de Roma, especialmente de las tribus del Samnio. Por ello no avanzó directamente hacia Roma, sino que se dirigió hacia el este y luego hacia el sur de la península Itálica.

Sin embargo, el Imperio Romano estaba firmemente consolidado sobre pactos políticos y acuerdos clientelares. Y, por otra parte, los aliados de Roma querían la independencia, pero sabían bien los beneficios sociales y políticos que les reportaban los romanos. Además, no tenían garantías de que el dominio cartaginés fuera más laxo que el dominio romano.

Fabio, el dictador, se mantuvo en su estrategia de no luchar abiertamente contra el ejército de Aníbal, sino que decidió acosarlo por los flancos, arañando de un lado y del otro unos pocos soldados cartagineses. Su intención no era otra que desgastar al ejército enemigo. Pero, a la larga, este modo de actuar parecía impropio del Imperio Romano y parecía que Fabio no era más que un cobarde.

Batalla de Cannas (216 a. C.)

Por ello, Fabio fue reclamado desde Roma y en su lugar fueron dos cónsules, Cayo Terencio Varrón y Lucio Emilio Paulo, quienes se hicieron cargo de luchar contra Aníbal y llevarlo a la derrota total.

Se encontraron con él en Cannas, cerca del mar Adriático. Los dos cónsules se dividieron el mando y dirigían el ejército en días alternos. Varrón dispuso de un ejército de 86.000 hombres, mientras que Aníbal contaba con 50.000, lo que le hizo pensar que la victoria estaba asegurada.
El camino de Cannas (Hacer click para agrandar)
La infantería del ejército cartaginés avanzó en semicírculo, pero retrocedió lentamente. La línea de ataque se hizo recta y, finalmente, se replegó y comenzó a combarse hacia atrás. Todo parecía indicar que la línea se rompería por el centro de un momento a otro, y no se prestó atención a los extremos de la línea. Los romanos, impacientes, entraron en la batalla y penetraron en el interior del despliegue cartaginés en forma de U. El elevado número de soldados romanos que había dentro del espacio dejado por los cartagineses se convirtió en una desventaja para aquellos. A una señal de Aníbal, los extremos se cerraron y el ejército cartaginés cayó sobre la retaguardia romana.

Estrategia de la batalla
Murieron casi todos los romanos. Se salvaron muy pocos. Varrón fue uno de ellos, pero se quitó la vida antes que sufrir la vergüenza de la derrota ante sus compatriotas. Aníbal había ideado la batalla de modo perfecto. Roma tenía el ejército más perfecto y mejor armado del momento. Pero fue la inteligencia y la estrategia de Aníbal lo que dio la victoria a sus soldados.

El siguiente fragmento de video nos dará una visión real de lo que pudo ser aquella batalla.