Batallas que forjaron y destruyeron un Imperio: contexto histórico y estrategias

sábado, 18 de diciembre de 2010

Batalla de Alia y el sitio del Monte Capitolino

A dieciséis días de las calendas del mes sextilis (nuestro actual mes de agosto) del año 390 a. C. el pueblo galo, no sólo se defiende del ataque de los romanos, sino que pasa a la acción y lucha en las orillas de un pequeño río llamado Alia, situado a tan sólo quince kilómetros al norte de Roma. Este primer enfrentamiento fue dirigido por un jefe tribal galo llamado Brenno, quien derrotó completamente al ejército de Roma. Tras la victoria, el ejército galo marchó hacia la ciudad de Roma para ocuparla. Asistimos a la primera invasión de la ciudad en los más de trescientos cincuenta años de historia romana y no volveremos a asistir a otra hasta ochocientos años más tarde.

Muchos habitantes huyeron de Roma al tener noticias del avance y la llegada inminente de los galos. Otros, sin embargo, ofrecieron resistencia desde el Monte Capitolino. Algunas fuentes, envueltas en leyenda, afirman incluso que los senadores esperaron a los galos sentados en los portales de sus viviendas. Los galos invadieron la ciudad saqueándola e incendiándola pero se detuvieron ante la figura de los senadores cuya posición sedente impresionó a los invasores. Pero un galo, más atrevido que el resto, se acercó a uno de ellos para comprobar si era un hombre o una estatua. De repente, el senador lo golpeó con su bastón. El galo, aturdido en un primer momento, mató al senador romano desencadenando una terrible matanza.

El Capitolio salvado por el graznido de los gansos.The Comic History of Rome, Gilbert Abbott A. Beckett.

Los galos sitiaron el Monte Capitolino y –continúa la leyenda- trataron de trepar a la cima en numerosas ocasiones; una noche consiguieron llegar hasta la parte más alta del monte pero fueron delatados por los graznidos de los gansos que estaban en el templo, destinado para los ritos religiosos. El primero de los romanos que se lanzó contra los galos fue Marco Manlio, quien, acompañado por otros soldados, consiguió rechazar el ataque nocturno y, por tanto, salvar a Roma.

Tras este enfrentamiento, los galos solicitaron la paz ofreciendo abandonar el sitio si recibían a cambio mil libras de oro. Los romanos aceptaron el pago solicitado por los galos, pero descubrieron el engaño urdido por éstos que consistía en el uso de pesos falsos. Ante la protesta de los romanos, Brenno, furioso, respondió: “Vae victis!” (¡Ay de los vencidos!), y arrojó su espada sobre el platillo de la balanza para dar a entender que los romanos deberían pagar el peso de su espada en oro.

Representación de la escena "Vae victis". Grabado
Los romanos tomaron de nuevo las armas y lucharon hasta que los galos fueron expulsados completamente del territorio del Lacio, encabezados por Camilo a quien se le atribuye la frase –añadida más tarde probablemente por historiadores romanos-: “Non aurum sed ferrum liberanda patria est” (No es con oro, sino con hierro con lo que la patria es liberada). Así, Camilo, fue recibido en la ciudad de Roma con todos los honores y aclamado como segundo fundador de la ciudad. 

            Francesco Salviati, Triunfo de Furio Camilo, Fresco en el Salone dei Cinquecento, Palazzo Vecchio, Florencia, Italia

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